martes, 15 de enero de 2013

Meditaciones sobre la Eternidad (1)

¿Qué se espera de un final que aparenta ser comienzo de algo sin final?
Con tanta incertidumbre, ¿cómo me atreveré ver morir aquel árbol? Corteza por corteza va cubriendo su mismo suelo y parece perderse con él, con el tiempo y, su olvido, tan trágico, de comenzar nuevamente.
Con tanta incertidumbre, ¿cómo reconoceré las líneas de este sendero, en que la sucesión es un avance para no dejar atrás lo que aún queda como cristal de un porvenir, donde pertenece todo quien circula, quien lo mira y quien lo imaginó alguna vez tras notar que los instantes depositados en el tiempo no han cambiado, en el pasado, ni el presente o aquello que aún es presente, el futuro?
Y en un instante -que me pesa en la consciencia- perteneceré al terrible museo de los arquetipos platónicos.
Y en un instante -que se lo apropia el futuro mientras camina invisible de nuestras manos ahora mismo- me desespera la dependencia de lo eterno (la mía, la nuestra) que no deja de depender de sombras.

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